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Navidad: ¿Festejar o celebrar?

Este año nos toca vivir unas Navidades muy particulares. Por eso, debemos hablar con los más pequeños de la casa y transmitirles que estas fechas ciertamente son diferentes


Fecha: 22-12-2016


 


Navidad: ¿Festejar o celebrar?
Debemos activar el amor. (Créditos: Shutterstock)

Por: Óscar Misle, @oscarmisle


Este año nos toca vivir unas Navidades muy particulares. La escasez, la falta de efectivo, la inflación, la inseguridad son realidades que ensombrecen  y no dan motivos para festejar.

La tradición de que la familia se pueda reunir para cenar, comerse las uvas del tiempo, intercambiar regalos, estrenar y brindar para muchos es un anhelo frustrado.

Un adulto puede entender y tiene más elementos para asimilar esta realidad. Sin embargo, para un niño es difícil imaginar una Navidad sin juguetes o estrenos para el 24 o el 31.

Nos toca a las familias hablar con ellos y transmitirles que estas Navidades ciertamente son diferentes. No podremos tener lo que nos gustaría o deseamos. Por lo tanto, el espíritu festivo no estará presente en muchos de nuestros hogares.

¿Un momento para celebrar?

Si entendemos la celebración como la posibilidad de reconocer el espíritu de estas fechas, el nacimiento del Niño Jesús, lo que eso significa en nuestros hogares y la posibilidad de cerrar el año 2016 agradeciendo el afecto, los pequeños logros, las posibilidades de haber superado dificultades de salud, la solidaridad para apoyarnos en estos momentos de crisis pueden darle un color distinto a estas fechas.

¿Cómo darle contenido y valor a los símbolos?

Podemos colocar un pesebre y elaborarlo  familiarmente. No requiere de muchos accesorios. Lo más significativo es colocar  una gruta  o pequeña posada, sin muchos accesorios, en la  que  María y José le dieron la bienvenida a un niño que sería luz para el mundo.

Le podemos preguntar a nuestros niños: ¿Cómo sabía la gente que en ese lugar había una familia  con un niño  que se convertiría en una buena noticia para la humanidad? Le contamos que  una estrella sirvió de guía.  Recordamos que en invierno las noches son más oscuras y más largas. La gente sencilla; por ejemplo los pastores, movidos por la necesidad de encontrar esperanza para sus vidas, dejaron que los guiara el brillo de la estrella. Quizás en el recorrido les tocó  pasar mucho frío, tuvieron que caminar largos trechos; pero sus ganas de conocer al Redentor pudieron más que su cansancio y sus miedos.

La estrella no solo sirvió de guía a los pastores. Tres Reyes Magos, desde el Oriente siguieron el rastro del camino que les mostraba la estrella. El Rey Herodes cuando supo la intención que tenían los tres aventureros  que viajaban en camellos, les exigió que en lo que encontraran el pesebre se lo notificaran. Los reyes llegaron al lugar  y se encontraron con una humilde familia, una mula y un buey y con un pequeño bebé que les tocó el corazón. Le  entregaron unos presentes. A su regreso decidieron   tomar otro camino para no encontrarse con Herodes y no darle pistas que le sirvieran para encontrar al  niño.

¿Y nuestra estrella?

Con nuestros niños podemos recordar situaciones oscuras, difíciles, inciertas en las que un miembro de la familia, un amigo, inclusive un desconocido con su apoyo, amor y solidaridad nos mostró un camino diferente, lleno de posibilidades  y esperanza. Gracias a esa persona pudimos encontrar sentido a lo que estábamos viviendo. Por qué no preguntarle: ¿Identificas a alguien que haya sido tu estrella personal? Para agradecer  y honrar a esa persona que puede estar viva o no esté presente físicamente.

¿Y los que no ponen pesebre?

Seguramente habrá quienes que por sus creencias o religión solo ponen el arbolito. Podemos contarles que en los países donde el invierno es muy severo y todo se cubre de blanco por una nieve que lo arropa todo, colocar en la casa un árbol verde, con unos globos de colores que simulan los frutos y la fecundidad, con instalaciones de luces de colores para vestirlo de gala, hacen que el arbolito nos recuerde que a pesar del frío, de la oscuridad del invierno, vendrá la primavera. Todos esos árboles que por la helada estaban quemados; volverán a retoñar, florecer para darle calor y color a la vida.

En estos difíciles momentos nos toca decidir si las luces las prendemos adentro o afuera. Para encender debemos activar el amor para que su fuerza nos movilice a para exigir transformar todo aquello que genere injusticia, exclusión, rechazo, violencia. Es con nuestra fuerza interior  la que permitirá hacer lo que nos toca como familias, ciudadanos para tener el país que queremos y merecemos.

No permitamos que nadie ni nada nos robe la esperanza y la convicción de que nuestros hijos merecen un país del que no quieran irse sino, al contrario, al que aman porque le garantiza todos sus derechos sin discriminación.

¡Seguimos Creciendo Juntos!



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Oscar Misle

Creciendo Juntos

Educador, orientador, psicoterapeuta. Autor de varios libros. Locutor y conferencista. Fundador y director de Cecodap




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