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Jackie o una ilusión de leyenda

El primer filme en inglés del director chileno Pablo Larraín, con Natalie Portman de protagonista, ha marcado la entrada triunfal en Hollywood de un realizador tan consistente como original


Fecha: 13-03-2017


 


Jackie o una ilusión de leyenda
Una actuación de admirar. (Créditos: Archivo)

Por: Aquilino José Mata aquilinojmata@hotmail.com @aquilinojmata



Bañada en la sangre de su esposo, Jacqueline Kennedy se negó a abandonar la sala del Hospital Parkland donde el equipo médico luchaba por devolver a la vida al presidente John Fitzgerald Kennedy. “Es mi marido, es su sangre, todo su cerebro está esparcido sobre mí”. Fueron las palabras que utilizó para hacer callar a los que pedían que saliera de allí. La imagen de una mujer casi en shock, pero cargada de determinación, la convirtieron súbitamente en una heroína.

 El realizador chileno Pablo Larraín recuperó esa imagen en su película Jackie, para revelar una dimensión poco conocida de aquella mujer. Con Natalie Portman en el papel principal, en la que es, sin duda, la mejor interpretación de su carrera, la cinta es la primera que este cineasta rueda en inglés. Nominada a tres Oscar -en los rubros de actriz, música original y diseño de vestuario-, ya se había alzado en el Festival de Venecia con el premio al mejor guión (Noah Oppenheim). 

Jackie relata la vida de la primera dama en los cuatro días posteriores al asesinato de Kennedy. Partiendo de la entrevista que Teddy White le hizo para la revista Life, el cineasta navega en las emociones y circunstancias de esta mujer -en medio de una tremenda conmoción y de un profundo dolor- mediante flashbacks, aprovechando el programa Un recorrido por la Casa Blanca con la señora esposa de John Fitzgerald Kennedy, en el cual ella enseñaba a los estadounidenses cómo había decorado la mansión presidencial, y con algunas imágenes reales de los funerales del mandatario.

Admirable entereza

Blanco y negro para muchos de estos momentos, el color aparece en las secuencias casi privadas de la cámara con Natalie Portman. “Era la manera de hacer sentir el proceso que atravesaba”, explicó Larraín. Un dolor universal y una entereza admirable, que completan el retrato de una mujer fría, calculadora, autoritaria, que despreciaba al marido infiel y que en esos momentos peleaba por superar la tragedia y se preparaba para un futuro en el que jamás había pensado. Resuelta, a pesar de todo, a crear una leyenda, Jackie Kennedy preparó un funeral de Estado, a la altura de los más grandes, de esos que no se olvidan.

Magnífica en su rodaje, con un dominio absoluto de la intención, unos primeros planos repletos de información y una tensión constante, la película no es un biopic convencional -probablemente esta sería la palabra más desafortunada para describir el cine de este cineasta-. En el polo opuesto de las características de este subgénero, no es, a pesar de lo que a primera vista podría parecer, una rara avis en su filmografía.

“Si hay un puente que podría conectar todas mis películas es la idea de las personas que son víctimas de la circunstancias históricas, la gente obligada a comportarse de manera que no entiende completamente, que no sabe exactamente lo que están haciendo o por qué”, explicó Larraín en una entrevista, con motivo del estreno de Neruda y de Jackie en Estados Unidos.

Rosa Chanel vs. oscuridad

Jacqueline Kennedy fue víctima de una de esas circunstancias históricas, de una coyuntura política concreta, como antes lo fueron otros personajes de las películas de Larraín. El asesino en serie de Tony Manero y el tipo que trabaja en la morgue donde hacen la autopsia a Allende en Post Mortem, ambos atados a la dictadura; una sociedad organizada para arrebatar a Pinochet el poder (No), los sacerdotes depravados y podridos de El Club y un mundo en el que impera la impunidad tras la dictadura; las contradicciones de Neruda, poeta admirado, comunista comprometido y, al mismo tiempo, burgués, arrogante y putañero.

Para este cineasta, el rosa Chanel del vestido de Jackie Kennedy es lo de menos, lo importante, lo que puede mutar en gran cine, es lo que prometen “las toneladas de cosas que pasan detrás de las puertas”. En esos rincones oscuros, el director encontró a una Jackie desconocida. La de su película no es solo la madre, la esposa, la “novia de América”, símbolo de la juventud y de la elegancia. Es la persona que mantuvo fragmentos del cráneo y el cerebro de su esposo en una mano hasta entregarlos en el hospital, la que construyó en Estados Unidos una ilusión de leyenda perdurable.

 



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Aquilino José Mata

Así lo veo yo

Periodista especializado en artes, turismo y espectáculos. Premio Nacional de Periodismo




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