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¿Te das permiso o lo pides? Hay diferencias

Quien no se siente digno de la libertad ni valora en mucho su calidad humana, acepta graciosamente las cadenas que le privan el acceso a aquello que anhela y se rinde a la voluntad ajena, sin dar un solo paso de avance


Fecha: 09-04-2017


 


¿Te das permiso o lo pides? Hay diferencias
Es importante valorar la calidad humana. (Créditos: Archivo)

Por: César Landaeta, @celand29


Hay personas que dicen: «Con permiso» y sin esperar a que les abran paso o les concedan la gracia solicitada, se lanzan sin importarles los callos que pisen ni a cuántos tumben de espaldas.

Pues bien, de esas no vamos a hablar. Nos quitaría mucho tiempo insultar, regañar y maldecir la existencia de semejantes abusadores.

Nos ocuparemos más bien de analizar dos tipos de permisos: los que uno pide y los que se da a sí mismo para escoger formas de vida, alcanzar sus metas o satisfacer los deseos que le motiven en su actividad cotidiana. La diferencia esencial entre los verbos «pedir» y «dar» en este caso, no es únicamente semántica.

Veamos:

Quien no se siente digno de la libertad ni valora en mucho su calidad humana, acepta graciosamente las cadenas que le privan el acceso a aquello que anhela y se rinde a la voluntad ajena, sin dar un solo paso de avance.

En cambio otro, consciente de su valor individual, elige libremente el rumbo de vida que le plazca, negocia en condiciones equitativas los permisos que necesite y se otorga los que no requieran de una lógica autorización externa.

Sin lugar a dudas, este último va mejor encaminado hacia el éxito y a gozar de una vida saludable, en comparación con los abusadores o los esclavos manumisos, incapaces de moverse a menos que obtengan de antemano la venia del patrón.

¿Cómo se pasa de la primera categoría a la segunda?

Desde ya te digo que no es fácil. La autonomía personal se alcanza con voluntad y una sólida fortaleza espiritual para asumir consecuencias derivadas de los propios actos. Si careces de estas cualidades, no hay nada que hacer. Resígnate a seguir con tu cadena atada al cuello, eso sí, sin unirte al grupo de los atropelladores. Así, cuando solicites un permiso, la gente libre te lo dará con una sonrisa de sincera gratitud.

 

 



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César Landaeta

Contracorriente

Clínico, escritor, autor de varios libros en el área del crecimiento personal. Locutor y conferencista.




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