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Mordidas que matan

Aunque dueñas de un puesto respetable e indiscutible en la naturaleza, las mitológicas y satanizadas serpientes despiertan recelo y pavor instintivo en mucha gente. Con la invasión de su territorio ecológico en el país para la construcción de viviendas y cultivos ha aumentado en los últimos años el número de personas intoxicadas por sus mordidas


Fecha: 06-03-2017

Etiquetas: Mapanare , serpiente, picaduras, animales, Mordidas, Hospital, salud


Mordidas que matan
Es importante ir a un centro asistencial prontamente. (Créditos: Archivo)

Por: María Cristina Sanhueza

 



A Jesusa le temblaron sus carnes de 28 años de edad cuando durante sus faenas campesinas en una región montañosa de Barlovento, se vió atacada por una serpiente Mapanare  que sin vacilar hundió sus colmillos tubulares—verdaderas inyectadoras hipodérmicas—en el talón de su pie derecho, vertiendo su veneno en los orificios recién perforados. Al intenso dolor y profuso sangramiento de la herida, le siguió la inflamación del pie y parte de la pierna que durante el trayecto al Hospital de Caucagua se  fueron tornando de color violáceo. Al llegar a ese centro de atención le sangraban las encías, las fosas nasales y los oídos. Después de la evaluación médica de urgencia, se le inyectó con premura el suero antiofídico polivalente, antídoto que le permitió después de seis a ocho horas tener la certeza de que podría continuar siendo la Jesusa de siempre.

De no haber sido atendida a tiempo, la campesina barloventeña pudo fallecer por hemorragia masiva o intravascular diseminada, como bien lo explica el doctor Alexis Rodríguez Acosta, profesor titular de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela. O pudo llegar a presenciar con terror el desprendimiento espontáneo de su pie completo, así como ser presa de una severa y mortal insuficiencia renal.

 

Según Rodríguez Acosta, quien ha dedicado más de treinta años a la investigación y estudio de los ofidios, estos reptiles carnívoros no atacan  así porque sí al ser humano sino sólo cuando se le cruzan en su camino o invaden su territorio, y lo hacen como forma de defensa y combate. Algunas inflan el cuello—como vemos en programas sobre ofidios en TV—y amenazan con la boca abierta en forma gigantesca. Inocular su veneno en presas que no se van a comer—caso del ser humano-- es un desperdicio y un enorme gasto de energía necesario para digerir roedores, pájaros, moluscos, lagartijas y otras presas pequeñas que le sirven de alimento. De ahí que en algunas ocasiones, como en la ruleta rusa, la persona mordida sólo experimenta el daño mecánico de la herida y se salva de ser invadida por la substancia tóxica guardada en las glándulas salivales especializadas de  la culebra.

 

Poseedoras de una columna vertebral muy flexible que le permite deslizarse en forma recta o sinuosa por agua tierra, arena, árboles y hasta trepar planos casi verticales, las culebras conforman un universo de variadas familias, especies, subespecies, géneros—algunas inofensivas y otras venenosas—de diferentes tamaños y singular coloración, con abundancia de manchas regulares e irregulares o de líneas y anillados en rojo, negro y blanco. Adoradas por los antiguos chinos y egipcios, hoy generan en muchas personas un miedo ancestral teñido de reminiscencias religiosas. No se les quiere ver ni en sueños, cuando se les interpreta como anuncio de traición e infidelidad.

 

En Venezuela, donde viven más de 140 especies de ofidios reconocidas en dos grandes familias (Viperidae y Elapidae), son cuatro los géneros que cobijan a las serpientes venenosas correspondientes a las variedades conocidas comúnmente como Mapanare, Cascabel, Cuaima Concha de Piña y Coral, con características propias muy marcadas que facilitan su reconocimiento. Si bien la Coral y Cascabel son las más venenosas, también son huidizas y poco agresivas, mientras la Mapanare, de toxicidad menor pero más dispuesta al ataque, protagoniza el 85% de los accidentes en nuestro territorio. También reptan en nuestra geografía las constrictoras boas y anacondas, pero muy rara vez se presentan accidentes con humanos. El doctor Rodríguez, quien califica el ofidismo como un problema de salud pública, puntualiza que en el año 2005 se atendieron en el país 7 mil accidentes ofídicos y que el promedio de mortalidad es de 140 casos anuales (“calculamos que la mortalidad en el mundo por mordidas alcanza a 300 mil personas”).

¿Dónde moran las serpientes de estas tierras?  Preferentemente en las selvas húmedas y piedemontes andinos. También en la cordillera de la costa y llanos centro y nororientales. Aunque en Venezuela no hay región donde estén totalmente ausentes. El investigador revela que aquí en Caracas, zonas de vegetación espesa y lugares como el Jardín Botánico son un respetable reservorio de ofídicos, especialmente hacia el relieve de montes

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LA OTRA CARA DEL VENENO

“Debemos aprender a vivir con las serpientes”, sentencia Rodríguez Acosta, y nunca apoyar su exterminio, porque no sólo son importantes ecológica y económicamente—controlan la población de ratones y ratas que consumen las siembras de arroz (“como ha ocurrido en el Guárico”), de maíz y de sorgo, sino que además  su veneno es un valioso arsenal de medicamentos para los humanos.

El especialista aduce a favor de los ofidios que las propiedades fibrinolíticas de sus tóxicos pueden servir para disolver trombos en casos de infarto al miocardio y trombos cerebrales. Menciona a las cascabekles como fuente de anestésicos y bloqueadores de dolor.

Puntualiza que en Medicina Tropical de la UCV los investigadores trabajan ahora sobre un grupo de las Mapanare cuyo veneno será útil para inhibir la metástasis de algunos tumores cancerosos. Comenta risueño que desde hace tres años trabajan en conjunto con la Universidad de Texas y  Harvard Medical Scholl, “pero nosotros somos la cabeza de la investigación, y ellos vienen a aprender”.

 

Precisa que en los últimos cuatro años se ha evidenciado un aumento de los accidentes ofídicos en todo el país, y está claro que se debe a la invasión de los nichos ecológicos de las serpientes para la construcción de grupos habitacionales, carreteras y siembras, y que todos los años aumenta la población de culebras durante la época de lluvias. “ Mas agua significa más alimento para roedores y mayor posibilidad de sobrevivencia para los ofidios”.

 

¿Cómo reconocer a las serpientes venenosas de las que no lo son? No es facil. Frente a cualquier característica de las ponzoñosas surge la excepción de una inofensiva que también la posee. En general, la mayoría de las venenosas están cubiertas por escamas superpuestas y tienen la cabeza triangular. Las no

ponzoñosas, son en general de piel lisa y cubierta de placas. En cuanto a los daños producidos en la persona mordida por sus venenos, varían  según el género o tipo de culebra, y del tipo de presas con que se alimenta  en la zona geográfica donde vive que hace variar la composición de su veneno. Algunas, como las Mapanare, además del daño local de hemorragia y necrosis en la zona mordida, desatan hemorragias masivas por orina, vías digestivas y fosas nasales. Otras como las cascabeles, causan alteraciones neurológicas, parálisis de músculos motores y respiratorios y conducen facilmente a la muerte si no hay tratamiento en las primeras tres horas después del hecho.


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¿A DONDE ACUDIR?

 

Si el infortunado accidente ofídico ocurre en cualquier punto de la región central del país, la persona mordida debe ser trasladada de urgencia al Centro de Toxicología del Hospital Leopoldo Manrique (Hospital de Coche). Si el hecho tuvo lugar en otra zona del país, debe acudir a cualquier Hospital central de la capital del Estado donde se encuentre. Si se trata de una región verdaderamente apartada, puede recurrir al Hospital tipo A más cercano al accidente, que existen en todo el país, como lo asegura Rodríguez Acosta. Los hospitales del 90% del territorio nacional cuentan en sus neveras con suero antiofídico polivalente, “de extraordinaria eficacia”, al decir del especialista, fabricado por la Facultad de Farmacia de la UCV y que es obtenido de suero de caballos hiperinmunizados con veneno ofídico el cual se aplica únicamente por vía intravenosa. En sitios aledaños a las fronteras, los hospitales utilizan suero de manufactura colombiana o brasileña.

 

¿QUÉ HACER Y QUE NO HACER?

Más allá de las medidas de prevención, fruto del sentido común—usar botas altas en el campo, ver donde se pisa al caminar, no abrirse paso con el cuerpo en la maleza, evitar acampar junto a  plantaciones y margen de ríos o lagos, no introducir manos en huecos de árboles, mantener limpia el área de vegetación de las casas—lo primero que recomiendan los expertos es que la persona víctima de la mordida ofídica mantenga la calma y aleje de su mente todo pensamiento de posible muerte. De ser posible, identificar el tipo de serpiente comprometida.

Rodríguez Acosta señala que jamás se debe chupar la herida con la boca, ni aplicar torniquetes de ningún tipo ( que pueden producir gangrena), tampoco dar de beber al paciente bebidas alcohólicas, ni agitarlo o moverlo bruscamente, así como no aplicarle hielo ni pomadas en la herida. Sólo se debe proceder a llevar de inmediato al paciente a la medicatura u hospital más cercano para que le sea inoculado el suero antiofídico, único tratamiento efectivo contra la mordedura.  




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