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Derribando los mitos populares

Sami Rozenbaum, miembro de la Asociación Racional Escéptica de Venezuela, explica por qué resulta hasta literalmente vital dejar a un lado ciertos mitos populares para conectarse con la realidad


Fecha: 08-01-2017

Etiquetas: Creencias, Mitos, Superstición, Ovnis, Extraterrestres, Escepticismo, AREV, Mentira, Ciencia


Derribando los mitos populares
Los mitos pueden venir de la televisión e Internet. (Créditos: Archivo)

Por: Annie Suárez

 



“¿A qué llamamos mitos populares? Pues, se trata de creencias que no cuentan con hechos verificables, la mayoría de sus afirmaciones son sencillamente absurdas, y contradicen los hechos que conocemos y que sí pueden demostrarse fácilmente”, explica el profesor universitario, periodista y miembro activo de la Asociación Racional Escéptica de Venezuela (AREV), Sami Rozenbaum, quien asegura que es fundamental evitar dejarse llevar por afirmaciones porque impiden tener un enfoque claro de la realidad, y hasta ponen en riesgo la salud.

 

No coma cuentos

En opinión de Rozenbaum, no existen dos o tres mitos populares que nublan la visión de las personas en la actualidad. “No tenemos una lista definida. Pero son bastante más de diez. Entre los más extendidos están la astrología, los ovnis, las seudomedicinas y todo el mundo de la brujería, tanto a la tradicional como la que ahora forma parte de la llamada ‘Nueva Era’, que en años recientes parece haberse fortalecido”, explica el Director del semanario venezolano Nuevo Mundo Israelita.

El periodista señala que en últimamente se observa también un auge de mitos y seudociencias promovidos activamente a través ciertos canales de televisión por cable e Internet. “Estos han dado nueva vida a los viejos cuentos de casas embrujadas, extraterrestres, animales mitológicos como pie grande, entre otros. Es triste que esos canales busquen lo que sea para llenar su parrilla de programación, sin importar la validez del contenido. Resulta muy lamentable, porque hay muchos conocimientos científicos y de otro tipo que serían más útiles para el público y, de hecho, son más interesantes, por la sencilla razón de que son ciertos”, argumenta.

El coordinador editorial de Lúcido, revista digital editada por la AREV, también indica que estamos viendo en todo el mundo una moda de mitos que se van al extremo del escepticismo. “Son lo que llamo las leyendas “conspiranoicas”. Por ejemplo, las que aseguran que nunca llegamos a la Luna, o la delirante saga creada alrededor de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001”, expone Rozenbaum.

 

Tendencia global

Rozenbaum afirma que no sólo la población venezolana se ve influenciada por los mitos populares. “Es un fenómeno global y globalizado. En cada una de esas creencias existe algo que atrae a muchas personas. Por ejemplo, los ovnis y toda su mitología son como una religión posmoderna, que intenta llenar un vacío existencial. Hablan de unos seres superiores que vienen del cielo a ayudarnos, y sólo unos pocos elegidos pueden entrar en contacto con ellos”, apunta el profesional de la comunicación.

El experto en escepticismo racional asegura que, aunque a todo el mundo le atraen las historias fantásticas, y la fantasía no tiene nada de malo, porque es parte de la creatividad humana, el problema comienza cuando las personas confunden fantasía con realidad y empiezan a actuar sobre esa base. “Aún se recuerda el caso de los miembros de una secta estadounidense que se suicidaron en masa en 1997. Estaban convencidos de que una nave extraterrestre, que según ellos venía en un cometa, se los iba a llevar a un planeta-paraíso. Ha habido numerosos casos similares, colectivos o individuales, a causa de creencias de ese tipo”, ejemplifica.

 

Contra el perjuicio

Pero… ¿Qué tanto mal puede causar realmente darle cabida a las falsas creencias en la vida cotidiana que parecen inofensivas y hasta pasan por beneficiosas? De acuerdo a Rozenbaum, definitivamente algunas no se pueden tomar a juego. “Un ejemplo perfecto es el de las seudomedicinas, como la homeopatía o la acupuntura. Aquí tuvimos un caso muy criollo, la llamada ‘medicina sistémica’, a la que la AREV se enfrentó por la prensa mucho antes de que lo hiciera el gremio médico”, indica el periodista y prosigue contundentemente: “Lo grave de las seudomedicinas es que muchas personas, sobre todo algunas que sufren una patología a la que no han encontrado curación o una mejoría satisfactoria, abandonan la medicina científica, con lo que se agrava su condición y hasta mueren. Por cierto, tras gastar grandes sumas de dinero. Los promotores de las seudomedicinas se enriquecen a costa de estas personas que sufren y de sus familias, y muchas veces hasta les dicen que la medicina científica no sirve; muestran una total falta de escrúpulos”.

El representante de la AREV sostiene que también existen muchos mitos en torno a los llamados “productos naturales” y los suplementos nutricionales. “Igualmente, en varios países desarrollados se ha difundido una campaña seudocientífica contra la vacunación, como consecuencia de la cual están resurgiendo enfermedades antes erradicadas como el sarampión o la tosferina. En la AREV, en donde contamos con miembros que han sido médicos y biólogos, consideramos que cumplimos un servicio público al tratar de esclarecer esa información falsa”, acota.

 

De la mano con la verdad

Ahora bien, ¿cómo puede desmontarse un mito que ya se ha metido en la piel de la cultura popular? “No existe una metodología, más allá de aplicar el pensamiento crítico. Debemos buscar los hechos reales y argumentar sobre esa base de manera racional. Por supuesto, para ello el público debe contar con suficiente educación y la información apropiada. Los medios tienen un papel fundamental que es difundir los conocimientos científicos y no propagar tanta charlatanería, como la astrología u otras formas de superstición, que sólo enriquecen a unos vivos y mantienen la ignorancia”, manifiesta.

            En cuanto a la interrogante de si vivir con tanto escepticismo hace mella en la fe de las personas y si altera la inocencia infantil, Rozenbaum expone su punto de vista sin aspavientos. “La fe es un tema muy personal. Lo que sí ha demostrado la historia, y lo podemos ver perfectamente en los noticieros hoy, es que cuando las creencias religiosas se vuelven fanáticas pueden generar mucho dolor, destrucción y muerte. El fanatismo es lo opuesto del escepticismo”, advierte y añade con respecto al segundo punto: “En cuanto a los niños, inculcarles el pensamiento crítico es uno de los mejores regalos que podemos ofrecerles. ¿Qué es preferible? ¿Una persona que piensa y actúa sobre la base de mitos, leyendas y teorías de conspiración? O, ¿Una persona que está consciente de cómo opera el mundo real, natural o creado por el ser humano, y se comporta en consecuencia?”.

 

A la manera de Sagan

Aunque en el país se consigue poca literatura referida al tema del escepticismo racional, Sami Rozenbaum considera que es recomendable leer el clásico Cosmos de Carl Sagan. “Es apasionante y sumamente entretenido, como la serie documental que le dio origen y que puede verse en Internet. Sagan fue un maestro en la difusión de la ciencia y el escepticismo. De hecho, fue uno de los fundadores de la principal organización escéptica de Estados Unidos”, expone el periodista y agrega: “Sagan popularizó una frase que resume bien lo que fomentamos en la AREV y en las demás asociaciones de este tipo en todo el mundo: ‘Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias’”.

 

La AREV no es un mito

La Asociación Racional Escéptica de Venezuela (AREV) fue fundada en 2003 por un grupo de profesionales y estudiantes de distintas disciplinas. Es una asociación civil sin fines de lucro y tal como lo establece su documento constitutivo, tiene el objetivo de “fomentar la práctica del escepticismo, entendiendo por este al pensamiento crítico y racional, como herramienta indispensable para la comprensión del mundo y la toma de decisiones en la vida diaria”. De acuerdo a Sami Rozenbaum, la AREV no se propone negar ni afirmar algo de antemano, convencer a alguien sobre algún tema, criticar o ridiculizar a alguien por lo que piense o diga, “Nos proponemos analizar los hechos y argumentarlos usando nuestra inteligencia y raciocinio, que para eso los tenemos”, asevera. La AREV publicó durante nueve años una revista digital llamada Lúcido, que en 2004 ganó el Premio Arístides Bastidas de Periodismo Científico en la mención Opinión. Esta organización también tuvo presencia durante varios años en el programa de radio Tecnología Hecha Palabra, que era en vivo e interactuaba con el público. Hoy, sus miembros tienen una página de Facebook, que puede buscarse como AREV”.



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