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Aquejados de rareza

Abotonarse una camisa con una mano mientras la otra, autoritariamente, la desabotona sin poder controlarlo, o percibir los objetos mucho más pequeños de lo que son, son síntomas de los muchos síndromes clínicos atípicos que desconocemos y nos sorprenden


Fecha: 01-08-2010

Etiquetas: Síndromes, trastorno, descabellado, órganos, anomalías, psicología, motal, duendes, psicosis


Aquejados de rareza
Hay múltiples síndromes clínicos desconocidos para muchos (Créditos: Archivo Dominical)

Por: Paula Ortiz portiz@cadena-carpiles.com

 



Tricotilomanía, descabellado trastorno

 “Estuve desde octubre o noviembre arrancándome el cabello todos los días, hasta hace dos semanas aproximadamente porque me di cuenta que era compulsivo en un área específica y me dio miedo quedarme calva”, explica Andreina Pérez (el nombre ha sido cambiado por petición de la entrevistada), quien asegura que cuando siente deseos de hacerlo nuevamente se lleva las manos a la cabeza, se acaricia el cabello. “Lo hago por nervios, ocio, ansiedad, cuando estoy viendo televisión, en clases, o cuando tengo calor”, en fin, sin importar el momento.

De acuerdo a la 10ma Clasificación Internacional de Enfermedades, la tricotilomanía es la “notable pérdida del cabello debido a una incapacidad persistente de contener los impulso de arrancarse cabellos”. El Dr. Robert Lespinasse, médico psiquiatra, explica que se trata de un trastorno compulsivo muy frecuente y que con medicamentos que disminuyen el impulso irrefrenable de hacerlo, puede controlarse.


El síndrome de Moebius, mirada fija

Los padres de Susana Romero vivieron en la incertidumbre de no saber qué ocurría con su hija, hasta que 14 años después de su nacimiento recibieron un diagnóstico: tenía Síndrome de Moebius, el cual se padece cuando el y el nervio craneal no se desarrollan adecuadamente. Se sufre parálisis facial y falta de movimiento en los ojos, pues dichos nervios controlan tanto el parpadeo como las múltiples expresiones de la cara.

“Algunos días fueron terribles pero la mayoría fueron buenos, porque yo decidí hacer todo lo posible para ser feliz”, cuenta Susana, quien nunca sintió que su condición fuera un impedimento para integrarse socialmente. La falta de desarrollo de estos nervios le ocasionaron parálisis unilateral de la cara, una mandíbula más pequeña de lo normal (que fue corregida con un injerto de hueso) y ausencia de dedos en las manos.

Requirió de dos intervenciones quirúrgicas para permitir que su lengua, otrora inmóvil, le permitiera succionar y hablar bien, y un accidente la hizo someterse nuevamente al bisturí para colocarle una prótesis en la rodilla. Su adolescencia transcurrió con altibajos. “A pesar de estar integrada al grupo, ningún chico quería que lo vieran conmigo como novio”, confiesa. Cuando tuvo que llorar lo hizo a mares, pero también rió a carcajadas muchas veces más, especialmente el día de su graduación de ingeniero en el Aula Magna. “Cuando me nombraron, el público se puso de pie para aplaudirme con una ovación increíble. Yo no me podía mover del asiento. Fue muy emocionante”.

Susana fue víctima de cuán discapacitada puede llegar a estar la sociedad cuando, a pesar de tener el mejor examen, sus solicitudes de trabajo fueron rechazadas varias veces por tener escrito en la parte superior las letras DF (defecto físico). Ella ha sido criticada y amada como todos, ha sufrido y ha reído como es normal, ha vivido como cualquiera.

“Me casé hace veinticinco años, tengo un hijo maravilloso de veintitrés, soy ingeniero, trabajé durante veinticuatro años, tengo un hogar, viajé, bailé, logré todo lo que me propuse. Fueron dolorosas las intervenciones quirúrgicas. No dejan de importunar las miradas insidiosas, los comentarios en voz baja, las ofensas, los motes, la exclusión, los insultos. He sufrido bastantes cosas, pero si pudiera escoger nacería Moebius otra vez. Somos guerreros”.

El 9 de julio la autobiografía SuSana, una narración de su vida donde regala herramientas personales para ser feliz, fue bautizada con el único interés de ayudar a los padres de niños con problemas físicos.

María Serrano administra un grupo de encuentro en Facebook para Moebius y sus padres, a raíz de que su hijo de tres años fue diagnosticado con el síndrome. Ella se ha dedicado a llevar un registro de los casos con los que se ha conseguido, y hasta la fecha sabe de 18 Moebius en todo el país que van desde los 11 meses hasta los 52 años

WWW: Grupo en Facebook del síndrome de Moebius http://bit.ly/aSjkt5


Síndrome de Cotard, “vacíos” por dentro

Este tipo de paciente cree haber fallecido y descomponerse por dentro. En otros casos extremos se puede creer inmortal. El Dr. Lespinasse cuenta que es más frecuente conseguir cuadros psicóticos en los que el paciente expresa que les han sacado los órganos, alteración que se conoce como despersonalización. “Puede sentir que no tiene corazón, estómago, que tiene un hueco, y no sabe quién se lo sacó ni quién lo tiene y por eso es que está mal”, dice.

Síndrome de Amok, violentamente mortal

Se caracteriza por episodios, de minutos u horas, de violencia extrema, en los cuales la persona afectada arremete mortalmente contra los seres vivos que encuentra a su paso, y que suelen culminar con su suicidio. El especialista explica que se trata de episodios poco frecuentes en nuestro país y pone de ejemplo los asesinatos múltiples ocurridos en escuelas estadounidenses, como los sucesos del Instituto Columbine y Virginia Tech. “En Venezuela ha habido reacciones violentas pero muy individualizadas, y el nivel de mortandad también se incrementa cuando el acceso a las armas es mucho más fácil”.

Micropsia, duendes por ahí

Es también conocido como síndrome de Alicia en el país de las maravillas debido a que su sintomatología es la percepción de los objetos más pequeños de lo que son. “Es muy frecuente ver que en cuadros de intoxicación, las micropsias se den dentro de la alucinosis alcohólicas o liliputienses –explica Lespinasse-. Siempre son objetos pequeños y de colores raros”. En este caso es normal que la persona entonces vea un duendecito verde o un perrito rojo que no se dejan atrapar y le provoquen reacciones molestas.

Síndrome de Stendhal, espectadores delirantes

Produce arritmia, desmayos, vértigo y confusión ante la presencia de una obra artística. A pesar de que el psiquiatra no recuerda ningún caso en su experiencia, explica que en nuestra cultura quizás pueda ser menos frecuente debido al escaso conocimiento que el grueso de la población pueda tener en esta materia. “Al dejar de haber una valoración del elemento artístico, no hay una apreciación como en Europa; de hecho es también conocido como Síndrome de Florencia”, señala y aclara que la respuesta emotiva que se pueda sentir ante determinada obra de arte no representa un episodio del síndrome.

Parecidos que confunden

Algunos síndromes, como el de Frégoli (creencia de que las personas conocidas tienen otra identidad) y el de Capgras (creencia de que las personas conocidas son suplantadas por impostores), tienen un registro de casos muy bajo debido a una razón que, si bien no tiene que ver con el real padecimiento de esta condición, está íntimamente ligada a su naturaleza. “La causística es casi nula porque estos síndromes son englobados de manera general en los cuadros de esquizofrenia ya que como tales no se encuentran en las clasificaciones internacionales de las enfermedades mentales”, explica la psiquiatra Teraiza Mesa.

La falta de especificidad de las estadísticas de salud en Venezuela, ya dificulta el registro de casos de determinados síndromes. Aunado a esto, la imposibilidad de desligar ciertas sintomatologías de otros cuadros mucho más frecuentes (como ocurre con la esquizofrenia paranoide), impide tener cifras exactas de incidencia.

El síndrome de Riley-Day, por ejemplo, se caracteriza por la incapacidad de sufrir dolor de quien lo padece. Resulta sumamente peligroso debido a que la exposición inconciente a ciertas circunstancias perjudiciales puede no ser notada ni evitado un daño mayor. Sin embargo, determinadas neurosis o histerias (síndromes conversivos) pueden acarrear las mismas consecuencias, explica el Dr. Lespinasse:

“Tuve la ocasión de visitar Sorte con unos colegas el día de María Lionza (12 de octubre) y vimos la histeria en su máxima expresión. La persona en esos momentos entra a un estado crepuscular que se caracteriza por acciones como pasarse fuego por el cuerpo y no sentir el calor, pero al día siguiente se reporta que la mayoría de las emergencias que ingresan a los hospitales son quemaduras, además de las heridas producto de las fiestas con consumo de alcohol”.

Paris, te amo

Los japoneses ya no sólo son reconocidos en el mundo por su exquisita cocina y su tecnología de punta, sino por la repentina depresión que embarga a algunos turistas nipones que visitan la capital francesa. El síndrome de París se caracteriza por un “shock cultural” derivado del contraste de la imagen idílica de la ciudad del amor y la real metrópolis con la que se encuentran. Anualmente este síndrome afecta a más de una docena de japoneses, por lo que su embajada ha puesto a disposición una línea de atención 24 horas para responder en caso de necesitar asistencia médica o retorno a su país.


Síndromes en cautiverio

En agosto de 1973, los trabajadores de un banco de la capital sueca estuvieron en cautiverio por seis días en manos de unos asaltantes a quienes, tras su liberación, defendieron, negándose a testificar en su contra. Esta simpatía y lealtad que los rehenes desarrollaron por sus secuestradores fue bautizada como Síndrome de Estocolmo, pudiéndose aplicar también en casos de abuso y violencia.

Del 17 de diciembre de 1996 al 22 de abril de 1997, 14 miembros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, secuestraron a toda una fiesta de la embajada Japonesa en Perú. A pocos días del cautiverio, los militantes, apiadándose de la situación de los rehenes, liberaron a la mayoría, incluyendo a la madre del Presidente, sin tomar en cuenta su importancia para la negociación. Opuesto al Síndrome de Estocolmo, se le dio origen al Síndrome de Lima.


Psicosis en Tierra Santa

La ciudad de Jerusalén ha dado nombre a un síndrome que se caracteriza por el desarrollo de un conjunto de reacciones obsesivas en torno al tema religioso e ilusiones psicóticas espontáneas en personas que suelen ser mentalmente inestables durante su estadía en el lugar.





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